Era muy tarde pero por fin había colocados los regalos a los pies del árbol y estaba deseando ver las pequeñas caritas de sus hijos cuando los abriesen. Cansada, se sentó en el sofá sin ni siquiera encender la luz.
La chimenea casi extinta dejaba asomar un suave resplandor rojizo. El murmullo de la leña consumiéndose, ya que no estaba bastante seca, invadía la estancia mientras ella sentada en frente, dejaba la vista perdida en dirección a las mínimas llamas anaranjadas. No pensaba en nada, únicamente parecía mirar el hipnótico movimiento agónico del fuego mientras la habitación estaba a oscuras. Sólo las luces del árbol de navidad parpadeaban a su espalda. No parecía que hubiera nadie en el edificio, ni en la calle. Era como si todo el mundo se hubiera ido de la ciudad. Aquel silencio era espeso, solo roto por el chisporreteo de la leña. Se acurrucó en el sofá, se abrigó con la pequeña mantita que tenía a su lado y se quedó saboreándolo. Con tres niños en edad escolar era muy difícil poder encontrarlo.
A la mañana siguiente, el olor a pan caliente proveniente del horno de la esquina flotaba en el aire. El sol se asomaba por la ventana del comedor como si quisiera dar los buenos días al árbol de Navidad, que repleto de espumillón de colores, cobijaba en sus ramas un sin fin de bolas rojas y plateadas. A sus pies, rodeándolo, había un montón de enormes cajas con sus lazos rojos y papel brillante esperando ser abiertas. Todo estaba en calma hasta que al grito de “¿Ya han venido los Reyes Magos?” una avalancha de pequeños corrió hasta el árbol. Las risas de los niños desempaquetando los regalos se unían a los villancicos del radiocasete que sus padres habían puesto para crear ambiente, aunque nadie prestaba atención a aquellas canciones populares. Tras unos instantes contemplando aquella estampa, los adultos se unieron a ellos y todos disfrutaron sus regalos.
Si os ha gustado este microrrelato, podéis encontrarlo, junto con otros fabulosos microcuentos de diferentes autores, en el libro "Cosecha de invierno" de la editorial Urania
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar