Blogs, blogs, y más blogs. Parece que todo el que tiene algo que decir posee uno, así que vamos a entrar en este mundillo blogero. Soy Elena Fortanet y me encanta escribir (entre otras cosas) Aquí iré colgando poesías, microrrelatos, algún capítulo de las novelas... cosillas que espero que os gusten.

jueves, 23 de octubre de 2014

Miradas

La revista digital miNatura en su número 137 dedicado a "fenómenos paranormales" ha publicado otro de mis microrrelatos, pero esta vez la ilustración se perció en el ciberespacio.

En este enlace podreis leer la revista completa.
http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/RevistaDigitalmiNatura137_sp.pdf



MIRADAS





Tras la muerte de su mujer no daba pie con bola: estaba desorientado, no encontraba las cosas que dejaba ante sus narices, no dormía… Los médicos lo estaban atiborrando a pastillas, pero él no notaba mejoría. Alguien le sugirió que viera a Makia, que posiblemente le podría ayudar, pero que tuviera cuidado. Corría el rumor de que era una hechicera bokor capaz de provocar la muerte con un solo pensamiento.


En cuanto el titubeante caballero cruzó la puerta del herbolario de Makia sintió un extraño escalofrío. No había nadie y estaba a punto de marcharse cuando escuchó una voz de mujer grave y extraña.


– No se vaya todavía.


El señor se volvió pero no vio a nadie. Algo inquieto se dirigió a la salida, pero de nuevo aquella voz le detuvo.


– ¡He dicho que espere!


La puerta se cerró de un portazo ante sus narices, y sus atónitos ojos observaron como el pestillo giró sólo. Algo angustiado se volvió hacia el silencio más absoluto de la trastienda, que instantes antes estaba vacía, y allí estaba aquella anciana de largos cabellos blancos e inquietante mirada. Sus ojos grises parecían penetrar en su mente. Le hizo una seña para que entrara y ella se sentó en una silla. Después, con una extraña sonrisa, puso sus ojos en otra de la esquina que se arrastró hasta el desconcertado hombre. Una vez los dos sentados frente a frente, la anciana le cogió las manos y le miró a los ojos de forma tan penetrante que hasta dolía. Tras unos minutos, en los que todo comenzó volar a su alrededor con en un tornado, le soltó. Entonces todo volvió a la calma y Makia miró intensamente la alianza que el hombre llevaba en el dedo. Esta resbaló hasta sus manos y ella la guardó como pago. Después, sin ni siquiera abrir la boca, le habló y le entregó un amuleto de hierbas y piedras meditas en una bolsita de tela que debía llevar siempre en contacto con la piel.

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