La revista digital miNatura en su número 137 dedicado a "fenómenos paranormales" ha publicado otro de mis microrrelatos, pero esta vez la ilustración se perció en el ciberespacio.
En este enlace podreis leer la revista completa.
http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/RevistaDigitalmiNatura137_sp.pdf
MIRADAS
Tras la muerte de su mujer no daba pie con bola: estaba desorientado, no
encontraba las cosas que dejaba ante sus narices, no dormía… Los médicos lo
estaban atiborrando a pastillas, pero él no notaba mejoría. Alguien le sugirió que
viera a Makia, que posiblemente le podría ayudar, pero que tuviera cuidado. Corría
el rumor de que era una hechicera bokor capaz de provocar la muerte con un solo
pensamiento.
En cuanto el titubeante caballero cruzó la puerta del herbolario de Makia
sintió un extraño escalofrío. No había nadie y estaba a punto de marcharse
cuando escuchó una voz de mujer grave y extraña.
– No se vaya todavía.
El señor se volvió pero no vio a nadie. Algo inquieto se dirigió a la salida,
pero de nuevo aquella voz le detuvo.
– ¡He dicho que espere!
La puerta se cerró de un portazo ante sus narices, y sus atónitos ojos
observaron como el pestillo giró sólo. Algo angustiado se volvió hacia el
silencio más absoluto de la trastienda, que instantes antes estaba vacía, y
allí estaba aquella anciana de largos cabellos blancos e inquietante mirada.
Sus ojos grises parecían penetrar en su mente. Le hizo una seña para que
entrara y ella se sentó en una silla. Después, con una extraña sonrisa, puso
sus ojos en otra de la esquina que se arrastró hasta el desconcertado hombre. Una
vez los dos sentados frente a frente, la anciana le cogió las manos y le miró a
los ojos de forma tan penetrante que hasta dolía. Tras unos minutos, en los que
todo comenzó volar a su alrededor con en un tornado, le soltó. Entonces todo
volvió a la calma y Makia miró intensamente la alianza que el hombre llevaba en
el dedo. Esta resbaló hasta sus manos y ella la guardó como pago. Después, sin
ni siquiera abrir la boca, le habló y le entregó un amuleto de hierbas y
piedras meditas en una bolsita de tela que debía llevar siempre en contacto con
la piel.
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